Reflexiones para tí.

Aquis

Al oír esto, David se preocupó y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Cat. 1 Samuel 21:12.

Elías, después de la gran victoria en el Monte Carmelo, tuvo miedo y deseo morir. Con David, en este momento de la historia pasa algo similar. Venció a Goliat confiando plenamente en Dios. Ahora, sabía que Dios lo estaba protegiendo de Saúl, pero huye de su presencia.

Cuando Aquis le avisa a este que “el matador de gigantes” está en su territorio, David tiene miedo y actúa como demente. En teoría, el que tenía que tener miedo era Aquis.

La falta de fe nos hace actuar como locos. Quizá no estemos dejando que nuestra saliva corra por nuestra barba, pero ¿no es comportarse como un loco cuando aceptamos compartir un estilo de vida que es diametralmente opuesto al que Dios nos pide, simplemente para ser aceptados en algún grupo? ¿No es locura esconder el amor que Cristo tiene por cada uno de nosotros? ¿No es locura hacer garabatos con nuestras palabras, para acercarnos al lenguaje soez y vulgar que algunos de nuestros conocidos emplean?

La contracara de esta lectura es pensar en David como una persona hábil para solucionar sus problemas estando entre enemigos.

¿Lo que movió a David fue miedo o astucia? El engaño ¿fue falta de fe o inteligencia? El pecado es pecado siempre. La astucia que Dios nos aconseja no la podemos mezclar con engaño y desconfianza.

“David cometió su primer error al desconfiar de Dios, y el segundo al engañar a Aquis. David había revelado nobles rasgos de carácter… pero cuando fue probado, su fe vaciló, y aparecieron sus debilidades humanas. Veía en todo hombre un espía y un traidor… Mientras se lo buscaba y perseguía, la perplejidad y la aflicción casi habían ocultado de su vista a su Padre celestial. No obstante, lo que experimentaba servía para enseñar sabiduría a David; pues lo indujo a comprender su propia debilidad, y la necesidad de depender constantemente de Dios” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 712).

Cuando estemos frente a nuestro rey Aquis, recuerda que el Espíritu de Dios ayuda a sus siervos que están en problemas. Además, nunca te olvides de que nuestro bondadoso Dios trata con suavidad y muestra paciencia y ternura en la adversidad, cuando estamos agobiados por el dolor.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014
“365 Vidas”
Por: Milton Betancor






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